D+C Desarrollo y Cooperación (No. 2, Marzo/abril 2001,
p. 8-20)

El factor demográfico
Población, estabilidad política y medio ambiente en América Latina
Manfred Wöhlcke

En América Latina se subestiman los efectos del crecimiento de la población como problema para el desarrollo, la estabilidad política y el medio ambiente1. ¿Hasta qué punto los pronósticos respecto al desarrollo de América Latina2 deben ser corregidos como consecuencia de una apreciación realista del factor demográfico?
En 1900, América Latina tenía una población de unos 60 millones de habitantes; actualmente se aproxima a los 500 millones. La población latinoamericana se ha multiplicado consecuentemente más que por ocho en el siglo XX. Esa evolución se desarrolló en forma relativamente moderada hasta 1940 (120 millones), acelerándose luego. En las décadas posteriores a 1940, el crecimiento de la población fue, por periodos de 10 años y en millones, el siguiente: 31, 49, 65, 81, 82 y 94. Los pronósticos de crecimiento para las dos primeras décadas del siglo XXI son: 90 y 87. En el año 2005, la población de América Latina alcanzará la marca de 700 millones, es decir, que en los próximos 25 años aumentará en 200 millones, o sea un 40%.

El crecimiento de la población
de América Latina 1900-2025
América Latina y el mundo se encuentran por lo tanto en una fase de dramático crecimiento del número de habitantes, a pesar de tasas decrecientes de fertilidad y crecimiento demográfico. Ello se debe principalmente a la inercia del crecimiento de la población como consecuencia de un perfil de edades «joven» en la pirámide de población3. Ello significa que en una población con un alto porcentaje de jóvenes, representada por una pirámide de población relativamente achatada, hay más mujeres en edad reproductiva que en una población «vieja». A pesar de que la fertilidad promedio (por mujer) desciende, nacen más niños, porque hay más mujeres en edad reproductiva. Como consecuencia de ello se produce un efecto de «bola de nieve», que actualmente se registra en todo el mundo y también en América Latina. Sólo cuando la fertilidad haya caído al «nivel de reposición», la población se estabilizará, aunque a un alto nivel. En algunos países industriales, como es sabido, incluso disminuye actualmente.
Numerosos factores influyen sobre el crecimiento de la población. Pero éstos no son objeto de investigación aquí. En este artículo se trata de las consecuencias de la evolución demográfica. Los pronósticos son inseguros en algunos casos, pero las divergencias se distribuyen en torno a una variante media, estimada como la más probable. Ya un fugaz vistazo a los datos muestra la heterogeneidad demográfica de la región, pero simultáneamente indica la tendencia general a un fuerte crecimiento absoluto de la población. Ya se ha mencionado que la población total de América Latina aumentará hacia el 2025 en unos 200 millones de seres humanos (=40%). En ese contexto es necesario realizar algunas puntualizaciones:
- Exceptuando algunos pequeños países del Caribe, ningún país latinoamericano está «superpoblado», en el sentido de tener una densidad de población crítica. Muchos, sin embargo, están «superpoblados» en el sentido de que las sociedades no son capaces de asegurar condiciones de vida aceptables para todos los ciudadanos. Sociedades altamente desarrolladas soportan mejor una alta densidad de población (p. ej. Bélgica, con 334 habitantes/km2) que países subdesarrollados (p. ej. Haití, con 273 habitantes/km2), asi como también el impacto de un rápido y alto crecimiento demográfico.
- Una característica de las sociedades subdesarrolladas es su heterogeneidad estructural, es decir, la coexistencia de sectores relativamente modernos con sectores o regiones relativamente atrasados. Un país con una gran población, en promedio relativamente desarrollado, como Brasil, tiene mayores sectores o regiones atrasados y consecuentemente más pobreza absoluta que un país en promedio menos desarrollado, con una población esencialmente menor, como Bolivia. La idea de que Brasil puede absorber mejor su aumento de población como consecuencia del mayor nivel de desarrollo es por lo tanto errónea.
- Las poblaciones pequeñas tienen
otras características de agregación y absorción que las grandes. Ello se puede ver claramente en el siguiente ejemplo: si en una aldea de 100 habitantes se registra un crecimiento anual de 10 personas (=10%), ello no genera mayores problemas; no así si en una gran ciudad de un millón de habitantes se registra un (mismo crecimiento porcentual) de 100.000 habitantes por año. En consecuencia no es crítico que la población de Belice crezca probablemente en un 100% entre 1998 y el 2024, en cifras absolutas, de 0,2 a 0,4 millones de habitantes. Mucho más problemático es el crecimiento de la población en Brasil: en el mismo periodo será probablemente de «sólo» el 28%, pero la población pasará, en cifras absolutas, de 162 millones a 208 millones, es decir, que crecerá unos 46 millones. A ello se agrega que ese crecimiento se concentrará en los sectores y regiones ya subdesarrollados (o en los sectores subdesarrollados de regiones comparativamente desarrolladas, como p. ej. las favelas).
- Particularmente crítica es la situación en aquellos países comparativamente menos desarrollados y simultáneamente con un alto crecimiento demográfico. Entre ellos se cuentan particularmente Haití (ingreso anual per cápita 1996: US$ 310), Nicaragua (380), Honduras (660), Bolivia (830), Guatemala (1.470), Ecuador (1.500) y El Salvador (1.700).
- ° Sinópticamente puede constatarse que el crecimiento de la población en casi todos los países latinoamericanos es un problema hasta ahora subestimado, que en realidad debería hallarse entre las más urgentes prioridades de la agenda política.
En el marco de esta corta exposición no es posible analizar detalladamente la situación de cada uno de los países. En su lugar, a continuación serán examinados algunos aspectos críticos del crecimiento demográfico que afectan a casi todos los países latinoamericanos.

El desarrollo regional
Generalmente se considera que un gran aumento de la población tiene consecuencias negativas para el crecimiento económico. Pero una relación causal de ese tipo no es de ninguna manera evidente. El crecimiento económico de países con un gran aumento de la población no se diferencia prácticamente del promedio latinoamericano. Desde el punto de vista del desarrollo, sin embargo, más relevante que el crecimiento del PIB total es el crecimiento del PIB per cápita. No obstante, también en este caso se trata de un indicador del desarrollo relativamente impreciso, problemático sobre todo porque deja de lado los ingresos no declarados y los no monetarios. Resulta difícil comparar el producto pasando importes en moneda nacional a dólares, porque el PBI per cápita no tiene en cuenta el patrimonio acumulado y la distribución del ingreso. No obstante, el PIB per cápita registra una clara correlación positiva con el correspondiente nivel de desarrollo.
Un aspecto que desempeña un importante papel en este contexto es que una gran parte de la población latinoamericana es pobre. Existe una complicada discusión metodológica acerca de la definición de pobreza (cp. Wöhlcke 1989: 28 ss.), a la que no podemos referirnos aquí. No obstante, si por pobreza se entiende, sin recurrir a fintas metodológicas, un nivel de vida que no permite o apenas permite la satisfacción de las necesidades básicas - también de aquellas necesidades que van más allá del mero aseguramiento de la existencia -, entonces puede afirmarse que casi la mitad de la población latinoamericana vive en la pobreza4. Ya sería problemático que los nacimientos corrientes recayeran sobre esas capas5 pobres (es decir aprox. el 50%). De hecho, sin embargo, son muchos más, porque a mayor pobreza, mayor número de hijos. El crecimiento de la población alcanza entonces guarismos sobreproporcionales en las capas5 más pobres, con lo cual el subdesarrollo se reproduce y aumenta cuasi biológicamente. El crecimiento de la población es por lo tanto un factor que favorece una mayor concentración de los ingresos. En síntesis: el alto crecimiento demográfico continúa oponiéndose a una rápida superación del subdesarrollo.

La estructura etaria
Un importante aspecto de la problemática demográfica es la dependencia demográfica y el peso de jóvenes o viejos. En las estadísticas demográficas, los «jóvenes» se definen como las personas menores de 15 años y los «viejos», los mayores de 64. Como se puede considerar que, a grosso modo, la población económicamente activa se corresponde con el grupo etario de 15 a 64, es interesante constatar a qué porcentaje de «jóvenes» y «viejos» ésta debe financiar. En América Latina, en 1989 el 36,6% de la población tenía menos de 14 años (en comparación: países industriales 20,5%) y el 4,5% más de 64 (países industriales: 12,7%). En el 2025, los «jóvenes» en América Latina representarán el 23,6% del total de población (países industriales: 17,8%) y los «viejos», el 9,3% (países industriales: 21,5%). Es decir, que el porcentaje de «jóvenes» se reduce y el de «viejos», aumenta. El porcentaje de población no activa (suma de «jóvenes» y «viejos») pasará en América Latina del 41,1% (países industriales: 33,0%) al 32,9% (países industriales: 39,3%). Con respecto a esas cifras es necesario observar:
- La reducción del porcentaje de «jóvenes» y el aumento de la de «viejos» son un indicador del comienzo de la «transición demográfica», es decir, de una lenta estabilización del desarrollo demográfico en América Latina.
- La suma de la población económicamente inactiva de América Latina era en 1989 mayor que la de los países industriales. Ese hecho es relevante, ya que América Latina disponía en comparación con los países industriales de un potencial económico considerablemente menor. La suma de población no activa disminuye lentamente en América Latina y aumenta lentamente en los países industriales. Aproximadamente en el 2010 será aproximadamente la misma que en los países industriales y luego comenzará a decrecer.
- No es del todo correcto declarar idénticos al grupo etario de 15 a 64 y la población económicamente activa, puesto que deben tenerse en cuenta la desocupación y la subocupación. Ambas son en América Latina considerablemente mayores que en los países industriales. Simultáneamente, la productividad promedio de la población activa es considerablemente menor a la registrada en los países industriales. Por ello, la inactividad de parte de la población en los países industriales es mucho más fácil de sobrellevar que en América Latina.
- Tomando las cifras absolutas, la población latinoamericana aumenta en 10 millones de personas anualmente. Ello significa que, paralelamente a ese aumento debe ser ampliada también toda la infraestructura social (p. ej. escuelas, hospitales, viviendas, infraestructura urbana, trabajo, seguros sociales, etc.). Una comparación evidencia las dimensiones del problema: si en Alemania se registrara un aumento de población como el de América Latina, anualmente se agregarían 1,5 millones de personas, lo que corresponde aproximadamente a la población de la ciudad de Munich. Fácilmente se puede reconocer que un crecimiento de ese volumen sería difícil de asimilar, incluso para un país industrial altamente desarrollado.

Mercado laboral, sistemas sociales
y desarrollo social
El aumento de la población tiene consecuencias negativas para el mercado laboral. Un efecto en ese sentido ya fue mencionado: el alto porcentaje de jóvenes que deben ser integrados año tras año en el mercado laboral. Ya hoy se constata en América Latina una alta desocupación y subocupación estructurales, así como un sector de servicios inflado y en parte improductivo. El mercado laboral no puede integrar a toda la población potencialmente activa, de tal forma que el nivel de vida alcance para todos un estándar claramente superior al mínimo existencial. No es de esperar que en un futuro cercano ello pueda mejorar. Al contrario,existen motivos para afirmar lo contrario: primero, el crecimiento de la población se registra sobreproporcionalmente en las capas pobres (v. arriba) y reproduce constantemente un gran número de trabajadores no cualificados y segundo, el progreso técnico destruye a menudo más puestos de trabajo de los que crea.
Particular atención merecen la desocupación y subocupación urbanas. El desarrollo latinoamericano es acompañado de procesos de pauperización y marginación. Una parte de los trabajadores relativamente cualificados tiene un puesto de trabajo seguro y con buen sueldo, mientras que otra parte desciende prácticamente a la categoría de lumpenproletariado y no está siquiera en condiciones de autoabastecerse. En lugar de ello debe recurrir a las fuentes de ingreso «marginales», en parte poco redituables, en parte insanas y en parte socialmente estigmatizadas (p. ej. recolección informal de residuos, trabajo infantil, prostitución, donaciones caritativas, jornaleros, mendicidad, actividades mal pagadas en el sector de servicios, actividades delictivas, etc.). A diferencia del medio rural, con sus posibilidades de autoabastecimiento, en las ciudades es imperioso tener un ingreso en efectivo, porque prácticamente todo cuesta y no existe la posibilidad de producir autónomamente los bienes necesarios o trocarlos por productos de elaboración propia.
Por ello, la combinación de alto crecimiento de la población, gran dependencia demográfica (suma de de los grupos etarios inactivos) y un subdesarrollo pertinaz en vastos sectores lleva a una permanente sobreexigencia de los sistemas sociales del Estado. Entre ellos se cuentan las escuelas primarias, secundarias y técnicas, la salud, la construcción de viviendas populares, el abastecimiento de agua corriente, el saneamiento, el transporte y los sistemas de jubilaciones y pensiones (cp.. Más esperanza de vida 1993: 93; Montes de Oca 1994: 129).
El crecimiento de la población impulsa también la movilidad regional y social, con un consecuente aumento de los conflictos y tensiones, una pérdida de identidad regional y cultural, una confusión de valores, variados fenómenos de desintegración social, malas condiciones de trabajo, prostitución masiva incluida la infantil, altas tasas delictivas, un creciente vandalismo y otros procesos anómicos (cp. Mansilla 1994: 4).

La urbanización
Entre las consecuencias negativas del crecimiento de la población se cuenta también la rápida y en gran parte caótica urbanización. Actualmente, aproximadamente la mitad de la población mundial vive en ciudades, con tendencia a aumentar. En América Latina, el grado de urbanización es mayor - más del 70% - y creciente: para el 2025 se pronostica un 80%. Con pocas excepciones (sobre todo Haití, Guatemala y Paraguay), el ritmo de la urbanización es similar en todos los países latinoamericanos (cp. Banco Interamericano de Desarrollo 1996: 358 y CEPAL: 1996: 7 ss.)
En las mayores regiones metropolitanas de América Latina vive entre el 10% y el 50% de toda la población. El crecimiento anual de población en esas aglomeraciones urbanas va del 1% a casi el 5%. Las siguientes ciudades tenían en 1990 más de 4 millones de habitantes: México (19,4), São Paulo (18,4), Buenos Aires (11,6), Lima (6,5), Bogotá (5,6), Santiago (4,7), Caracas (4,0). (cp. Statistical Abstract of Latin America, Vol. 23: 136; Vol. 31: 124.) Como las grandes ciudades seguirán creciendo y ya hoy es posible prever un proceso de «calcutización», hay elementos para afirmar que los problemas esbozados incluso empeorarán en un futuro próximo. Las ciudades crecen sobre todo por dos razones:6
- El crecimiento normal de la población. Brasil, p. ej., registra un crecimiento promedio anual de población del 1,4%, lo que supondría para la región metropolitana de São Paulo (actualmente 18,4 millones) un aumento de unas 260.000 personas. El crecimiento natural de las grandes ciudades es, sin embargo, mayor que el promedio nacional, porque la tasa de nacimientos es prácticamente la misma, pero la de defunciones considerablemente menor que en otras zonas. El crecimiento natural de São Paulo es por lo tanto mayor de 260.000 personas y con tendencia al alza, ya que se trata de un crecimiento exponencial.
- El éxodo desde otras regiones7 (cuya población también crece constantemente). Las causas de la migración interna son una mezcla específica de factores «de atracción» y «de empuje». Entre los «de atracción» se cuentan la seducción de las ciudades en comparación con la vida rural, aunque las estimaciones realistas y las ilusiones seguramente se dan en partes iguales. Entre los factores «de empuje» se cuentan la alta desocupación rural, las precarias condiciones de vida, la falta de reformas agrarias, la expansión de las empresas agrícolas intensivas con escaso personal, malas condiciones de arrendamiento de la tierra, la degradación ecológica de los suelos y los en parte desfavorables términos de intercambio de los productos agrícolas.
El «progreso» en las ciudades tiene rasgos ambivalentes: el desarrollo urbano es en gran parte caótico. El equilibrio ecológico tanto en las ciudades como fuera de ellas está por lo general considerablemente alterado y a menudo colapsa, de tal forma que no es posible hablar de una ecología urbana en sentido estricto. La población vive rodeada de un medio ambiente con contaminación de aire y agua, en parte tóxico, ruido, un tráfico enervante, sobreexitación de los sentidos, una edificación densa y alta, masificación, estrechez y en parte una fealdad deprimente. Las afueras de las ciudades se «deshilachan» en una mezcla de slums, zona industriales y basurales, de tal forma que no se pueden tener en cuenta como «zonas de recreación». El antropólogo francés Lévi-Strauss, que estudió intensamente América Latina, escribió en su libro «Tristes Tropiques», que las ciudades latinoamericanas llegaron «a la decadencia» sin «haber conocido antes la civilización» (citado en Cardoso 1986: 278). El peligro de la «calcutización» ya ha sido mencionado (cp. Sangmeister 1986: 18).
Una gran parte de la población urbana vive en condiciones malas e insalubres, el abastecimiento de agua potable es precario, el saneamiento y la recolección de residuos son deficientes, el trabajo escasea, está mal pagado o es insalubre y la infraestructura es insuficiente (transporte, sistema de salud, escuelas técnicas, etc.). Cada vez más surgen medios anómicos, en los que sucumben estructuras sociales ordenadas, pierden vigencia los valores y normas tradicionales y se multiplican el abandono, la violencia, el crimen, la prostitución por miseria, el vandalismo, el alcoholismo y el consumo de drogas. El 72% de los hogares fundados en países en desarrollo en los años 80 se hallaban en slums (cp. Inter Nationes 1998: 11; Deutsche Stiftung Weltbevölkerung 1998: 21ss.). No existen datos al respecto para América Latina, pero es de suponer que la situación en la región sea similar.

La problemática ambiental
y de los recursos
Como consecuencia del crecimiento demográfico y los daños ambientales, se abusa de nuestro planeta en tres sentidos: en cuanto a la capacidad de regeneración de la biosfera, la disposición de recursos (entre ellos, agua dulce y tierra) y la calidad de la atmósfera. Si bien aproximadamente tres cuartas partes de los problemas ambientales globales son generados por los países industriales, los países en desarrollo «recuperan terreno» y próximamente serán los principales causantes de esos problemas, aunque no per cápita, sino en términos absolutos, debido sobre todo a su gran población, además en crecimiento. Naturalmente, grandes poblaciones hacen uso (dados los mismos estándares ecológicos) de más naturaleza, paisaje y materias primas que poblaciones pequeñas. Una mayor presión de población tiene como consecuencia además la colonización de zonas amenazadas (p. ej. por terremotos) o inestables (p. ej. semidesérticas). Cuando ese proceso es acompañado además por un «progreso» destructivo desde el punto de vista ecológico, el resultado es más que problemático.
La destrucción de la naturaleza ha adquirido en América Latina dimensiones alarmantes. Grandes biotopos y complicadas comunidades biológicas (biocenesis) son destruidos a través de diversos mecanismos: deforestación, desecación de biotopos húmedos, caza excesiva, pesca depredadora, sobrepastoreo, excesiva carga tóxica, colonización y construcción.
Más allá de la aniquilación de la variedad y de los espacios naturales, en América Latina se observan catastróficos fenómenos de erosión, que no solo se extienden como retazos por el paisaje, sino que han llevado también a la formación de estepas y desiertos en regiones enteras. Simultáneamente ha descendido en muchas zonas el nivel de las aguas freáticas, porque por falta de una capa de vegetación, el agua ya no es más almacenada en la superficie. Por la misma razón a menudo se producen inundaciones. La erosión supone la disminución (pérdida de la capa de humus) y la destrucción de suelos agrícolas, lo cual acelera el éxodo rural y disminuye las posibilidades de un abastecimiento satisfactorio de la población con alimentos.
La peor catástrofe natural es actualmente la deforestación de los bosques tropicales y subtropicales. Se trata de la tala de árboles para uso industrial (en menor medida para el uso como combustible o material de construcción por parte de la población local), el desbrozo para el uso de la tierra con fines agrícolas (agroindustrias y pequeños campesinos) y la deforestación para grandes proyectos industriales, mineros, de urbanización e infraestructura. El Fondo de Población de las NN.UU. (FNUAP) calcula que el 80% de esas causas se deben a su vez a la mayor presión de población (cp. Inter Nationes 1998: 10). Las consecuencias de esa depredación de la naturaleza son alarmantes.
La repetida referencia a la reposición de los bosques produce confusión, porque las superficies deforestadas son bastante mayores que las reforestadas. Como simultáneamente crece la población, el volumen de bosque per cápita disminuye dramáticamente. A ello se agrega que en las reforestaciones se trata por lo general de forest plantations, es decir, no de bosques naturales con una rica variedad de especies, sino de monocultivos a la manera de «fábricas de madera». El bosque húmedo tropical pierde cada vez más su capacidad de regeneración. Los beneficios a corto plazo de su explotación no guardan relación alguna con los daños producidos a largo plazo, ya que una reforestación de esos bosques no está planeada ni es posible. A ello se agrega que las posibilidades de uso agrícola de esos suelos son muy limitadas, debido a su escasa fertilidad. La destrucción de la naturaleza no se limita a los bosques, sino que se extiende prácticamente por doquier.
El crecimiento de la población no sólo supone la degradación de la naturaleza, sino también un creciente consumo de recursos, que a su vez depende del desarrollo económico y tecnológico. La población latinoamericana representa en forma relativamente estable algo menos del 10% de la población mundial. El mismo porcentaje aprox. representa el producto de América Latina con respecto al PIB mundial. Por ello no es descabellado afirmar que la participación de América Latina en el consumo mundial de recursos ronda seguramente también el 10%. Ello no cambiará en un futuro próximo. Es decir, que el consumo relativo de recursos de América Latina permanecerá relativamente estable, mientras que el consumo absoluto de recursos aumentará considerablemente en función del crecimiento de la población y del desarrollo económico.
América Latina dispone en total de considerables reservas y recursos minerales y fósiles, aunque muy desigualmente distribuidos. Como ejemplo tomemos el petróleo y el gas natural: México y Venezuela disponen de tres cuartos de las reservas latinoamericanas. Por lo tanto se presta a confusión hablar de un relativamente buen nivel de recursos naturales en la región, ya que la mayoría de los países tienen un potencial insuficiente y dependen de importaciones. Las reservas originarias de petróleo en la región es estiman en 20.000 millones de barriles (en comparación: mundo 240.000 y OPEC 140.000), de los que la mitad ya fueron extraídos. La extracción de petróleo más que aumentar disminuirá en el futuro, y las reservas tienden a agotarse. Como la mayoría de los países debe importar petróleo, un incremento del precio como consecuencia de una escasez mundial puede tener graves consecuencias para la balanza de pagos. Lo que tiene validez para el petróleo también se aplica para otros productos, cada vez más escasos en función del crecimiento económico y de la población y por los cuales se desatará una cada vez mayor competencia internacional. América Latina seguramente no podrá consolidarse lo necesario económica y financieramente en un futuro próximo, como para satisfacer fácilmente, en medio de la competencia internacional, la creciente demanda de recursos provocada por el crecimiento económico y demográfico.
Un importante aspecto de la evolución de la ecología en América Latina es la erosión y degradación de las superficies de uso agrícola. Como positivo debe destacarse primero que América Latina dispone de un comparativamente gran potencial de tierras agrícolas, hasta ahora no aprovechado. También la tasa de tierras de uso agrícola per cápita es relativamente favorable. Hay, sin embargo, algunos aspectos, que relativizan ese cuadro positivo.
La población crece más rápidamente que las tierras utilizadas para la agricultura y la ganadería (uso de nuevas tierras menos destrucción o degradación de tierras ya usadas), de modo que la superficie de tierras agrícolas per cápita disminuye. Además, las reservas de tierras son muy diferentes de país a país. Considerando el tipo de tierras aún no utilizadas, se concluye que las mayores reservas se hallan en "áreas problemáticas" (más del 50%). Un importante problema es cómo garantizar la alimentación a largo plazo para una población que en los próximos 25 años aumentará en 200 millones de personas, o sea, un 40%. Ya hoy, una buena parte de la población latinoamericana está subalimentada. Ello no se debe generalmente (aún) a realidades físicas, sino a una distribución del ingreso y de la tierra que se puede calificar de grotesca. Sin embargo en tanto ésta persista, el crecimiento de la población supone una seria amenaza para asegurar la alimentación de toda la población.
En lo que respecta a la contaminación del ambiente - es decir del aire, la lluvia, las aguas de superficie, las aguas freáticas y el suelo - en muchas regiones de América Latina se registra ya hoy una catástrofe crónica, de la que muy poca conciencia se tiene, porque se ha transformado en «normal». Además se producen corrientemente menores y mayores catástrofes individuales, tantas, que casi no se diferencian de la permanente: una deficiente eliminación de los productos residuales sólidos, líquidos y gaseiformes de los sectores urbano e industrial y el mal uso de productos agrotóxicos. Las substancias contaminantes del ambiente pueden ser divididas en dos grupos: orgánicas e inorgánicas. Entre las primeras se cuentan todos los gérmenes patológicos, que se expanden esencialmente por una deficiente higiene colectiva. El segundo grupo incluye substancias tales como el dióxido de sulfuro, dióxido de carbono, óxidos azoicos y clorofluorcarbonos, metales pesados y cada vez más substancias contaminantes sintéticas, incluidos los residuos radiactivos. Las substancias tóxicas están depositadas no sólo dentro y fuera de los perímetros urbanos, sino que se hallan en todo el entorno, incluidos numerosos productos de uso diario y los alimentos. La eliminación tiene lugar por lo común directamente en el aire, los ríos, las aguas costeras y depósitos de basura equipados y controlados en forma sumamente precaria.
Además de la situación regional del medio ambiente y los recursos, también es interesante estudiar el aporte de América Latina a la agudización de la problemática ecológica global. En primer plano se hallan tres aspectos: las emisiones de CO2, la destrucción de los «sumideros» de CO2 y el consumo de recursos. Las emisiones mundiales de CO2 se distribuyen muy desigualmente por regiones. En algunas regiones aumentan; en otras, disminuyen. Las emisiones promedio per cápita parecen caer en el mundo. Pero para el clima global revisten importancia no las emisiones per cápita, sino las emisiones totales y es aquí donde se muestran las extremadamente negativas consecuencias del crecimiento de la población. El total de emisiones de CO2 de América Latina tiene actualmente el mismo volumen que las de Alemania. Pero las primeras aumentan y las segundas, disminuyen. Los países latinoamericanos no parecen estar dispuestos a limitar su desarrollo con una política de emisiones restrictiva. Si aceptamos que el volumen económico de América Latina se duplicará en los próximos 25 años, como consecuencia de la combinación de crecimiento económico y aumento de la población, se concluye que también las emisiones de CO2 de América Latina se duplicarán.
Además es necesario considerar que los bosques tropicales y subtropicales son un importante «sumidero» de CO2, ya que esa enorme biomasa liga o absorbe grandes cantidades de carbono. Los bosques son talados por diversas razones: la producción de leña y madera, la obtención de nuevas superficies para a agricultura y otros usos (tránsito, colonización, industria, etc). Fuertes grupos financieros, inmigrantes pobres y políticos cortos de vista (y a menudo corruptos) forman una comunidad de intereses para la destrucción de los bosques. En ese proceso, una parte del CO2 almacenado en la vegetación es liberado y coadyuva al «efecto invernadero». Simultáneamente es destruido el «depósito verde» para la futura neutralización de CO2 y se pierde la importante función de los bosques como reguladores del clima suprarregional.

Perspectivas de la
estabilidad política y la democracia
La situación demográfica de América Latina no es tan explosiva como en otras regiones del mundo. Como hemos visto, el crecimiento de la población en la región representa no obstante un considerable obstáculo para el desarrollo. Si la población latinoamericana aumenta en los próximos 25 años de 500 millones a 700 millones - y sobre todo en las capas menos privilegiadas - es de temer que muchos de los actuales problemas del desarrollo sigan existiendo. Sin duda, no existe una relación causal unívoca entre el subdesarrollo sostenido y la inestabilidad política, pero sí una correlación positiva. Las posibilidades para mantener la estabilidad política no mejoran, sin embargo, automáticamente cuando paso a paso se supera el subdesarrollo, ya que se generan nuevos conflictos socioeconómicos y políticos.
En países con amplias capas pobres, la democracia tiene pies de barro y a menudo no funciona como una democracia «verdadera». Extremistas y demagogos de todo tipo encuentran en esas sociedades un terreno fértil para sus consignas. En América Latina, la mezcla de viejos problemas no solucionados y nuevos, que se agrandan paralelamente al crecimiento de la población, plantea la cuestión de si a pesar de ello puede ser asegurada una evolución política positiva. La cultura política en América Latina contiene tradiciones tanto democráticas como autoritarias y de ninguna manera parece seguro que la democracia se haya impuesto y estabilizado ya definitivamente. Si se produce un retroceso en dirección al autoritarismo, ello puede tener consecuencias internacionales, p. ej. una reedición del conflicto Norte-Sur, el surgimiento de focos internacionales de crisis (como los ha habido ya varias veces en América Latina) o la negativa a asegurar la transparencia y la cooperación en materia de política de seguridad.

Población y geopolítica
Para América Latina es válido lo mismo que para las demás regiones en desarrollo: el tamaño de la población es un factor de poder, pero no el único. Tendencialmente, los países con mayor población son más poderosos que los países con menos población, sobre todo cuando los primeros logran emplear óptimamente su «recurso demográfico» para su desarrollo tecnológico, económico y militar. El tamaño de la población es por lo tanto un factor, que condiciona el poder político y puede compensar parcialmente otros déficits. Un alto crecimiento de la población puede ser también la causa de debilidades internas y fragilidad de los Estados; no obstante, la «masa» demográfica tiene una calidad geopolítica propia, si bien no es la decisiva.
El volumen de población en los países industriales crece lentamente, se estanca e incluso disminuye. La población tiende a «envejecer», lo cual tiene como consecuencia una reducción del número de personas activas económicamente y para el servicio militar. En ese contexto se planea la cuestión de hasta qué punto, en vista del desarrollo demográfico, la seguridad militar puede asegurarse a largo plazo a través de una optimización cualitativa.
Con respecto a América Latina se puede constatar lo siguiente: su participación en la población mundial se mantendrá estable durante los próximos 50 años, en alrededor del 8%, es decir, el crecimiento de su población se desarrollará en forma paralela al crecimiento de la población mundial. El peso demográfico de los países industriales occidentales disminuirá porcentualmente con respecto a América Latina, pero más interesantes aún son las cifras absolutas, p. ej. las siguientes: en 1900, América Latina tenía 60 millones de habitantes y los EE.UU., 76 millones; actualmente son 500 millones y 270 millones respectivamente. En el 2025 serán 700 millones y 330 millones. (En este contexto es necesario recordar que los EE.UU. tienen un alto crecimiento de la población en comparación con otros países industriales). Brasil tendrá en el año 2025 unos 208 millones de habitantes; México, 140 millones; Colombia, 58 millones y Argentina, 47 millones. El crecimiento de la población de sólo esos cuatro países será de 120 millones de personas, el doble del crecimiento de la población de los EE.UU. Se puede prever que las posibilidades de influencia de los EE.UU. en América Latina disminuirán, sólo por las tendencias demográficas y sin tener en cuenta otras potencias extrarregionales. Por lo menos los mayores Estados latinoamericanos comenzarán a defender sus intereses en forma cada vez más decidida y consciente. Esa conciencia del propio poder se basa, aunque no solamente, también en los cambios del equilibrio demográfico en el sistema internacional.
Especial interés merece en este contexto el Mercosur, que probablemente se transformará en un polo de poder económico, político y militar en la región. Limitándose a sus actuales miembros, el Mercosur es comparable a los EE.UU. en cuanto a superficie y población. Su PIB es considerablemente menor, pero ya hoy su PIB de aprox. 1 billón de dólares permite una considerable movilización de recursos, que aumentarán más aún sólo en función del crecimiento demográfico, independientemente de otros factores. Aunque los países del Mercosur continúen siendo por algún tiempo «países en desarrollo altamente desarrollados», mejorarán el aprovechamiento de sus potenciales, incluidos los demográficos. Ello no transforma automáticamente al Mercosur en un global player relevante, pero sí en un centro de poder regional, que puede movilizar positivos efectos sinergéticos y oponerse exitosamente a la presión externa mejor que cada uno de sus Estados miembros.

Aumento de las migraciones
internacionales
La combinación prevaleciente en América Latina de alto crecimiento de la población y continuado subdesarrollo tendrá como consecuencia una fuerte tendencia a la emigración internacional. La meta de esos emigrantes será - aunque no exclusivamente - los EE.UU. La integración de grandes corrientes migratorias es problemática, tanto desde el punto de vista económico como social y cultural. Si la integración no es exitosa, fracasará el proyecto preferido hasta ahora - el del melting pot - y dejará lugar a la formación de guetos y etnoclases. Otro problema puede ser la importación de conflictos de los países de origen de los migrantes. No obstante, ahora, en el caso de América Latina y los EE.UU. desempeña un papel más importante el crimen organizado, como p. ej. el tráfico de drogas, en el que inmigrantes latinoamericanos hacen las veces de «cabecera de puente».
En las últimas décadas, EE.UU. ha intentado reducir y regular la inmigración, aunque con moderado éxito, ya que la inmigración ilegal - sobre todo desde México - aumentó. La población desde México crecerá en más de 40 millones durante los próximos 25 años y con ella, la presión inmigratoria. EE.UU. y los demás países industrializados tienen en última instancia sólo dos opciones: o bien intentar el desarrollo de una sociedad multicultural «en gran estilo» o controlar el flujo inmigratorio más decididamente que hasta ahora. Es difícil afirmar incondicionalmente que la primera opción es tan deseable como lo afirman sus defensores, puesto que está relacionada con una serie de costos y riesgos difícilmente calculables. Argumentos tales como la cuestión de la financiación de las jubilaciones en los países industriales y el permanente contacto cultural no abarcan todos los aspectos del tema. La segunda opción - un más decidido control de la inmigración - implicaría, sin embargo, una voluntad política que en las democracias occidentales liberales es muy difícil de organizar.

América Latina:
el 8% de la población mundial
La población latinoamericana representa aproximadamente el 8% de la población mundial y es de prever que ese porcentaje no se modificará. Es decir, que la población de América Latina crece al mismo ritmo que la población mundial. La tasa de fertilidad, es decir, el número promedio de hijos por madre, es actualmente de 2,9 a nivel mundial. En los países industriales, alcanza al 1,9; en los países en desarrollo, incluida China, al 3,3% y en los países en desarrollo excluida China, al 3,8%. La tasa de fertilidad tiende a caer en todo el mundo, tal como la tasa de crecimiento demográfico anual. Esa tendencia se constata también en América Latina: la tasa de fertilidad en la región era, en 1950, de 6 hijos por madre; hasta fines de los años 80 cayó a 3,4 y actualmente es de 3,0. No obstante, se constatan considerables diferencias entre los países (p. ej. Cuba 1,4; Haití, 4,8). La tasa de crecimiento demográfico (diferencia entre la tasa de nacimientos y la de defunciones) fue en el periodo 1900-1950 de 1,6; en el periodo 1950-1995 aumentó a 2,4% y luego cayó, situándose actualmente en 1,7%. Esa desaceleración no pudo impedir, sin embargo, que la población latinoamericana aumentara dramáticamente y siga creciendo.

PIB per cápita
y población
La relación entre PIB per cápita y el crecimiento de la población es interpretada a menudo erróneamente, en el sentido de que un alto PIB per cápita favorece un menor crecimiento de la población. Ello es cierto, pero también es válida la conclusión inversa. Un bajo crecimiento de la población favorece el aumento del PIB per cápita y un alto crecimiento de la población "devora" una parte del crecimiento económico, de tal forma que el PIB per cápita se reduce. El PIB latinoamericano creció entre 1970 y 1980 (promedio anual) en un 5,9%; entre 1980 y 1990, en un 1,1% y entre 1990 y 1995, en un 3,1%. Si América Latina no hubiera tenido crecimiento alguno de población, ése hubiera sido también el crecimiento del PIB per cápita. Efectivamente, debido al aumento de población, se modificó en sólo un 3,4%, -1,0% (¡disminución!) y 1,2%.

¿Un crecimiento
no problemático?
Por lo general, el crecimiento de la población en América Latina no es considerado problemático, sobre todo porque prevalece la idea de que una gran parte de la región está desierta. Ello es efectivamente así y se refleja en la relativamente baja densidad (promedio) de población. No obstante, a menudo se pierde de vista que la población - por razones económicas, sociales, climáticas y ecológicas - no se distribuye en forma pareja, sino que se concentra en determinadas regiones. En éstas se produce entonces una situación calificada de "superpoblación relativa": las estructuras socioeconómicas dadas y las condiciones ecológicas no pueden "sostener" a la población en cuestión, de tal forma que ésta vive en parte en condiciones extremadamente malas. Es interesante anotar que la pauperización urbana es un fenómeno relativamente nuevo. En los años 40 y 50 del siglo XX no existían p. ej. favelas en São Paulo.

Extinción de especies
y pool genético
La disminución de la variedad de especies no solo tiene aspectos éticos y estéticos, sino también consecuencias prácticas, porque se pierden opciones de uso y el pool genético se reduce, de tal forma que no sólo desaparecen para siempre animales y plantas, sino que también se excluyen posibles variantes de cría y cruza. De esa forma, el entorno se empobrece constantemente. Se calcula que cada año desaparecen unas 27.000 especies, entre plantas y animales (cp. Fundación Rockefeller 1998: 21). Calculando conservadoramente la participación de América Latina en ese biocidio en un 10%, en la región desaparecen anualmente unas 2.700 especies. Se estima que en todo el mundo hay unas 250.000 especies vegetales y la mitad de éstas se hallan en los bosques tropicales. Ni siquiera el 10% ha sido estudiado hasta ahora desde el punto de vista médico-farmacéutico. Los animales domésticos y plantas de cultivo, en parte manipulados genéticamente, no pueden compensar esas pérdidas, puesto que además de su utilidad tienen también numerosos déficits: su cuidado demanda más esfuerzos, son menos resistentes a las enfermedades y su reproducción más difícil (muchas razas de animales necesitan asistencia veterinaria especial para la fecundación, la preñez y el nacimiento. Las semillas de muchas plantas híbridas no se prestan como simientes).

Agua: un recurso
natural subvaluado
Un recurso natural generalmente subvaluado es el agua. Si bien el agua pertenece a los recursos regenerables, el volumen total disponible no aumenta. Con un volumen de uso de agua dulce de 10.400 km3, América del Sur ocupa el segundo lugar en el mundo, después de Asia (13.200), mientras que Europa dispone de 3.150. Las reservas de agua dulce de América Latina son relativamente generosas, pero su distribución regional es muy desigual y a menudo no están disponibles allí donde se necesitan más urgentemente. Una de las regiones más extremadamente secas de América Latina se halla en el Brasil, el país con las mayores reservas de agua dulce, en términos absolutos. Pero también en caso de que las reservas locales de agua sean suficientes, no sólo hay problemas de distribución, sino también de calidad, más allá de que la potabilización del agua es a menudo extremadamente deficiente. Si bien el abastecimiento de agua ha mejorado lentamente en América Latina, continúa siendo precario, teniendo en cuenta que menos de la mitad de la población tiene acceso a agua por cañerías y sólo un tercio está conectado a la red cloacal.

Bosques: una
reducción dramática
La superficie total de bosques cerrados era en América Latina en 1978 de 550 millones de ha (el 20% del total mundial) y en el 2000 había caído a 329 millones de ha (aprox. el 15% del total mundial). Simultáneamente, las existencias regenerables disminuyeron de 94.000 millones a 54.000 millones de metros cúbicos efectivos (del 29% cayeron al 21% del total mundial). La destrucción de bosques se desarrolla en América Latina por lo tanto en forma dramática, más rápidamente que en el promedio mundial. En vista del predecible aumento de población de 500 millones a 700 millones de habitantes en los próximos 25 años - y partiendo de aumento de la demanda de madera y tierras en función del proceso de desarrollo - es de temer que la deforestación se acelere en el futuro.

La jerarquía del
sistema internacional
El crecimiento de la población cambiará las correlaciones. En el 2025, 16 países tendrán más de 100 millones de habitantes; entre ellos se contarán solamente dos países industriales altamente industrializados (EE.UU. y Japón). Es de esperar que algunos de los países en desarrollo con mayor población contengan cada vez más la influencia occidental en su región, influyan crecientemente sobre los procesos de integración regional, se transformen en importantes socios o competidores de los países industriales, tengan más peso en las organizaciones internacionales y exijan mayor participación en la toma de decisiones. En los países industriales vive sólo el 25% y en los países miembros de la OTAN sólo el 10% de la población mundial, con tendencia a disminuir. Chesnais habla de la «deseuropeización del mundo» (Chesnais 1995: 431). Cada vez más, apoyándose en el factor demográfico se pone en tela de juicio el liderazgo de las potencias occidentales.
Bibliografía
BIRG, Herwig, 1994: Weltbevölkerungswachstum, Entwicklung und Umwelt, en: Aus Politik und Zeitgeschichte, vol. B35/36: 21-35.
---, 1996: Die Weltbevölkerung. Dynamik und Gefahren, Munich.
BOLETN DEMOGRFICO, 1993: América Latina, proyecciones de población, 1950-2025, 26/51: 13-160.
---, 1995: América Latina, proyecciones de población urbana-rural, 1970-2025, 28/56: 9-290.
---, 1997: América Latina, proyecciones de población, 1950-2050, 31/59: 1-203.
CARDOSO, Fernando Henrique, 1986: Entwicklung und Umwelt: Der Fall Brasilien, en: Achim Schrader / Heinz Schlüter (ed.), Ökologie-Diskussion in Lateinamerika, Münster, 255-299.
CHACKIEL, Juan / SCHKOLNIK, Susana, 1992: La transición de la fecundidad en América Latina, en: Notas de Población, 20/55: 161-192.
CHESNAIS, Jean-Claude, 1995: Nord/Sud: Le face-à-face démographique, en: Politique Internationale, Nr. 69: 423-436.
COMISIN ECONMICA PARA AMÉRICA LATINA (CEPAL, ed.), 1993: Población, equidad y transformación productiva, Nueva York; (citado en: Desarrollo y Cooperación, 1994: América Latina: situación y desarrollo demográficos, Nr. 3: 11-13).
--- (ed.), 1993: Población, equidad y transformación productiva, Nueva York; (citado en: Desarrollo y Cooperación, 1994: Más esperanza de vida, Nr. 3: 16-17).
DEUTSCHE GESELLSCHAFT FÜR DIE VEREINTEN NATIONEN (ed.), 1996: Weltbevölkerungsbericht 1996, Bonn.
--- (ed.), 1998: Weltbevölkerungsbericht 1998. Die neuen Generationen, Bonn.
DEUTSCHE STIFTUNG WELTBEVÖLKERUNG (ed.), 1998: Bevölkerung und nachhaltige Entwicklung, Hannover.
DUMONT, Gérard-François, 1993: Démographie et géopolitique, en: Défense Nationale, 49/4: 37-54.
ECONOMIC COMMISSION FOR LATIN AMERICA AND THE CARIBBEAN (CEPAL, ed.), 1997: Statistical Yearbook for Latin America and the Caribbean, 1996 Edition, Santiago de Chile.
HAUCHLER, Ingomar et al. (ed.), 1998: Globale Trends 1998, Francfort del Meno.
INTER NATIONES (ed.), 1998: Bevölkerungswachstum, Familienplanung und wirtschaftliche Entwicklung, Bonn.
LATIN AMERICA: RESOURCE AND ENVIRONMENT OVERVIEW, 1990: World Resources 1990-91, Nueva York, 33-48.
LATTES, Alfredo E., 1995: Urbanización, crecimiento urbano y migraciones en América Latina, en: Pensamiento Iberoamericano, Nr. 28: 211-260.
MANSILLA, Hugo Celsio Felipe, 1994: Entwicklungsvorstellungen in Lateinamerika. Eine Kritik angesichts der aktuellen Herausforderungen, en: liberal, publicación trimestral de la Fundación Friedrich Naumann, 36/4: 50-57.
MARTINE, George, 1995: Población y medio ambiente: lecciones de la experiencia latinoamericana, en: Pensamiento Iberoamericano, Nr. 28: 261-310.
MERRITT, Richard L., 1995: Population Imbalance and Political Destabilization, en: International Political Science Review, 16/4: 405-426.
MONTES DE OCA, Verónica, 1994: Envejecimiento y modernidad. Impactos demográficos, en: Nueva Sociedad, Nr. 129: 132-141.
NOTAS SOBRE LA ECONOMIA Y EL DESARROLLO DE AMÉRICA LATINA, 1997: La transición demográfica en los sectores rezagados, Nr. 608: 1-4.
POPULATION REFERENCE BUREAU / DEUTSCHE STIFTUNG WELTBEVÖLKERUNG (ed.) 1998: Weltbevölkerung 1998, (statistische Gesamtübersicht), Washington/Hannover.
ROCKEFELLER STIFTUNG (ed.), 1998: Viel steht auf dem Spiel. Die Weltbevölkerung und unsere gemeinsame Zukunft, Nueva York.
SANGMEISTER, Hartmut, 1986: Urban-industrielle Entwicklung und Umweltprobleme in Lateinamerika, en: Lateinamerika-Nachrichten, 14/4: 1-21.
SARKESIAN, Sam C., 1989: The Demographic Component of Strategy, en: Survival, 31/6: 549-564.
STATISTICAL ABSTRACT OF LATIN AMERICA (ed. James W. Wilkie /UCLA / University of California), Los Angeles, varios años.
THE INTER-AMERICAN DEVELOPMENT BANK (ed.), s.a.: Economic and Social Progress in Latin America, 1996 Report, Washington.
WEINER, Myron, 1995: Security, Stability, and International Migration, en: Sean M. Lynn-Jones / Steven E. Miller (ed.), Global Dangers. Changing Dimensions of International Security, Cambridge, Mass./Londres, 183-218.
WÖHLCKE, Manfred, 1989: Der Fall Lateinamerika. Die Kosten des Fortschritts, Munich.
---, 1996: Das Bevölkerungswachstum als globale und regionale Herausforderung, en: Jahrbuch internationale Politik 1993-1994, Munich (Forschungsinstitut der Deutschen Gesellschaft für Auswärtige Politik), 334-340.
---, 1997: Bevölkerungswachstum - Folgerungen für die Internationale Politik, Ebenhausen (Stiftung Wissenschaft und Politik).
---, 1997: Ökologische Sicherheit - Neue Agenda für die Umweltpolitik?, Baden-Baden.
---, 1999: Konsequenzen des globalen Bevölkerungswachstums für die internationale Politik, en: Aus Politik und Zeitgeschichte, vol. B10/99: 21-29.
---, 1999: Das Bevölkerungswachstum in Lateinamerika. Regionale und überregionale Konsequenzen, Ebenhausen (Stiftung Wissenschaft und Politik).
Notas:
1) Este artículo se basa en varios trabajos anteriores del autor, cp. bibliografía.
2) El Caribe se incluye a los efectos de este artículo en el concepto de América Latina.
3) Tres cuartas partes del futuro crecimiento de la población se deberán al efecto de la estructura de edades.
4) Cp. Warum das Bevölkerungswachstum anhält, en: DSW-Newsletter, (noviembre de 1998) 9, p. 4.
5) Al respecto se registran, sin embargo, considerables diferencias entre los países.
6) Aquí se trata del crecimiento efectivo y no de un crecimiento por ampliación de los límites administrativos urbanos.
7) La inmigración del exterior no tiene (más) relevancia para el crecimiento de las ciudades latinomericanas.
El Manfred Wöhlcke, Dr. habil., sociólogo y latinoamericanista. Investigador en la Fundación Stiftung Wissenschaft und Politik, Berlín. reas temáticas prioritarias: sociedad y política en América Latina, problemática internacional del desarrollo y el medio ambiente, demografía y migraciones. Ha publicado numerosas obras en su especialización, pero también literarias, p. ej. las últimas monografías: Der Fall Lateinamerika - Die Kosten des Fortschritts.
Munich (Beck) 1989; Umwelt- und Ressourcenschutz in der internationalen Entwicklungspolitik.
Baden-Baden (Nomos) 1990; Umweltflüchtlinge, Munich (Beck) 1992; Der ökologische Nord-Süd-Konflikt. Munich (Beck) 1993; Brasilien - Diagnose einer Krise. Munich (Beck) 1994; Der Weihnachtsmann - Begegnungen der dritten Art. Munich (dtv) 1996; Soziale Entropie - Die Zivilisation und der Weg allen Fleisches, Munich (dtv) 1996; Ökologische
Sicherheit: Neue Agenda für die Weltpolitik? Baden-Baden (Nomos) 1997; Regina Pectoris. Munich (Eberhard) 1998; Der trojanische Krieg. Munich (dtv) 1998; 500 Jahre Brasilien - Die Entstehung einer
Nation. Viena (Vier Viertel) 2000.

D+C Desarrollo y Cooperación,
editada por: Deutsche Stiftung für internationale Entwicklung (DSE)
Dirección postal de la redacción:
D+C Desarrollo y Cooperación, C. C., D-60268 Frankfurt, Alemania. E-Mail: descoop@gmx.net
|